El balance del primer trimestre de 2026 presenta señales mixtas que configuran el eje central del debate gremial: por una parte, la actividad edificadora reafirma su rol como motor económico a través de dos indicadores clave, el crecimiento en ventas —con 16.300 unidades vendidas en el año corrido a marzo de 2026, lo que representa un incremento del 7,6% frente a las 15.149 unidades del mismo periodo de 2025— y su aporte al empleo, ya que, gracias a iniciativas locales como el plan “Mi Casa en Bogotá”, el sector sostiene actualmente 229.000 empleos directos.
Sin embargo, y pese a los buenos resultados, durante la jornada Camacol B&C manifestó que, este dinamismo convive con una alerta crítica: la viabilidad de los proyectos se ve amenazada por un aumento en los desistimientos que supera el ritmo de las ventas. Durante el primer trimestre de 2026, las renuncias a la compra de vivienda ascendieron a 3.679 unidades, un repunte del 11,3% respecto al año anterior. Este fenómeno evidencia la necesidad urgente de fortalecer la seguridad jurídica y optimizar las condiciones de financiación para las familias.
El gerente de Camacol Bogotá y Cundinamarca, Edwin Chiriví, señaló que Bogotá cuenta con 920 proyectos activos, de los cuales el 73% corresponde a vivienda de interés social (VIS). Asimismo, indicó que al cierre de marzo las ventas de vivienda nueva crecieron 25%, los lanzamientos 33% y el licenciamiento 26% a febrero, y enfatizó que “hoy es prioridad fortalecer la alianza público-privada para mantener el dinamismo del sector”.
No obstante, advirtió sobre la necesidad de trabajar por una causa común: la informalidad urbana, una problemática donde los hogares perciben un 50% menos de ingresos y enfrentan 2.7 veces más hacinamiento crítico. Esta realidad no solo duplica la inasistencia escolar y la pobreza monetaria, sino que guarda una correlación directa con la inseguridad y el deterioro del tejido social.
Por su parte, el alcalde Carlos Fernando Galán, señaló que las estrategias para facilitar el acceso de más familias a vivienda propia no pueden ser una política de un gobierno, sino una apuesta permanente, pues transforman la vida de las familias. Añadió que se trata de un compromiso de largo aliento que exige articulación constante entre los sectores público y privado.
Asimismo, destacó el trabajo de Bogotá por una apuesta social inclusiva. Indicó que el 60% de los hogares beneficiados con el programa Mi Casa en Bogotá tienen ingresos inferiores a $2 millones, lo que evidencia que los apoyos llegan a quienes más lo necesitan. Añadió que cerca del 64% de las personas beneficiarias son mujeres, muchas de ellas cabeza de hogar.