Cada vez más el popular mito de que la osteoporosis es una enfermedad de viejos es puesto en entredicho. En las mujeres, la tasa de pérdida de tejido óseo aumenta significativamente en los primeros años después de la menopausia, cuando se detiene la producción de estrógenos, y los huesos ya no se benefician con su efecto protector y no es posible reemplazar tejido óseo con la misma rapidez con que se pierde. Los hombres por su parte también pierden tejido óseo después de los 50 años, pero la tasa de pérdida es más lenta que en las mujeres.
Para evitar el riesgo de osteoporosis, es clave desarrollar una óptima masa ósea durante la niñez y la adolescencia. En ambas etapas la formación de hueso nuevo es más rápida que la remoción de hueso viejo, con lo cual los huesos se vuelven más grandes y densos. Este ritmo continúa hasta los 25 años aproximadamente, cuando suele alcanzarse la “masa ósea máxima” (pico de masa ósea).
Al invertir en el “banco óseo” durante la juventud y comienzos de la edad adulta, mediante una buena alimentación y estilo de vida, los huesos se vuelven más fuertes y menos vulnerables a la osteoporosis a lo largo de la vida.
Está demostrado que la mayor ingesta de calcio o lácteos en niños y adolescentes, está asociada con una mayor ganancia mineral ósea. Aunque los factores genéticos son muy importantes, a la hora de determinar si un individuo tiene un riesgo elevado de sufrir osteoporosis, hay otros factores que juegan un rol importante también.
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