El comportamiento reciente del dólar frente al peso colombiano responde principalmente a una dinámica de debilidad global de la divisa estadounidense, que ha impactado de forma transversal a las principales economías emergentes. En este contexto, Skandia resalta la importancia de aprovechar la coyuntura para diversificar los portafolios y mantener una visión de largo plazo, como elementos clave para tomar decisiones de inversión informadas.
Durante el último año el peso mexicano registró una valorización cercana al 15%, mientras que el peso chileno y el peso colombiano avanzaron alrededor del 13%, y el real brasileño cerca del 10%. En el mismo sentido, el índice DXY, que mide su desempeño frente a monedas como el euro, el franco suizo, la libra esterlina y el yen japonés, registró una desvalorización cercana al 10,7% en el mismo periodo, impulsada por las expectativas de menores tasas de interés en Estados Unidos, el entorno fiscal del país y una menor confianza internacional en la divisa. Este escenario ha incrementado la demanda por activos refugio como el oro y otras monedas fuertes, tanto por parte de bancos centrales como de inversionistas individuales.
Factores locales que han influido en el tipo de cambio en Colombia
Son varios los elementos han amplificado la apreciación del peso colombiano, entre ellos el crecimiento de las remesas, el aumento en las exportaciones de café y otros commodities, un mayor ingreso de divisas por turismo y otras fuentes de ingreso, los flujos de inversión extranjera hacia el mercado de deuda pública y el mercado accionario, así como las operaciones de monetización de deuda externa del Gobierno Nacional para atender necesidades de liquidez.
Adicionalmente, la expectativa de futuros ingresos de dólares por parte de los fondos de pensiones, asociada a iniciativas de repatriación de recursos que aún se encuentran en etapa de análisis, también ha influido en las expectativas del mercado.
¿Qué representa esto para los inversionistas?
Desde una perspectiva de educación financiera, un dólar a la baja puede representar una oportunidad para fortalecer la diversificación internacional de los portafolios. Un nivel cercano a los COP 3.600 por dólar permite acceder a activos externos en condiciones más favorables, fortaleciendo las estrategias de inversión de largo plazo.
Catalina Tobón, gerente de Estrategia de Inversión de Skandia, señala que “Más que enfocarse en el nivel puntual del dólar, este tipo de escenarios deben entenderse como una oportunidad para diversificar de manera estratégica y tomar decisiones alineadas con los objetivos financieros de largo plazo, evitando reacciones impulsivas ante movimientos coyunturales del mercado”.
Sin embargo, uno de los errores más comunes en estos contextos es tomar decisiones basadas en el ruido de corto plazo, reaccionando emocionalmente a los movimientos del mercado y dejando de lado los objetivos financieros de mediano y largo plazo. En el corto plazo, esta coyuntura puede incentivar el consumo de bienes importados, los viajes al exterior o un mayor interés por invertir en activos internacionales. Sin embargo, la recomendación es no sacrificar el ahorro estructural ni los planes financieros por movimientos que suelen ser temporales.
Inversión más allá del tipo de cambio
En escenarios de dólar débil, los mercados de renta variable de economías emergentes, los commodities y la deuda en moneda local suelen ganar relevancia, impulsados por un mayor apetito por riesgo y el ingreso de capitales internacionales.
Sin embargo, más allá de identificar los activos que pueden verse beneficiados en el corto plazo, el foco para los inversionistas debe estar en cómo estos movimientos se integran dentro de una estrategia de inversión diversificada y coherente. Distribuir el riesgo entre distintos mercados, monedas y tipos de activos permite mitigar la volatilidad cambiaria y reducir la dependencia de una sola variable.
En ese sentido, pensar en el mediano y largo plazo sigue siendo clave. Los ciclos cambiarios suelen ser temporales, mientras que las decisiones estructurales —como la diversificación y la disciplina— son las que terminan marcando la diferencia en la construcción de patrimonio.